Jonathan Leiva Escobar
Contador Público y Auditor
Máster en Contabilidad y Auditoría de Gestión

Los y las profesionales que se desempeñan en el ámbito de la Auditoría, deben orientar sus habilidades y competencias hacia diversas características fundamentales de orden metodológico técnico-profesional, conocidas como “habilidades duras”, relacionadas a las destrezas técnicas adquiridas o requeridas para el desarrollo de una actividad, la que se alcanza o logra a través del perfeccionamiento continuo, formación, capacitación, entrenamiento, sumado a ello la experiencia adquirida en la reiteración de dicha actividad y en el desempeño de la función en diversos ámbitos e industrias.

Además de los factores antes señalados, los y las profesionales auditores debemos tener presente también, otros ámbitos o características fundamentales que se relacionan con las “habilidades blandas”, conocida como aquellas que se asocian a las particularidades del comportamiento sociológico de las personas en grupos humanos. Algunos registros, relacionan estas habilidades con el cociente de la inteligencia emocional, agrupados como un conjunto de rasgos de la personalidad, destrezas del comportamiento social, métodos y/o técnicas de comunicación, la fluidez del lenguaje utilizado, hábitos y desarrollos personales, entre otros.

En un tercer orden de ideas, es altamente recomendable, y me atrevería a decir, altamente exigible, que los y las profesionales que se desempeñan como auditores en cualquier rubro, deben tener en consideración en cada momento de sus acciones profesionales y personales, la aplicación de los principios deontológicos, conocido como parte de la ética que trata los deberes y principios que afectan el desarrollo de una profesión. Estos principios y reglas de conductas están claramente detallados y pueden ser consultados en el “Código de ética” definido por el Instituto Global de Auditoría Interna (The Institute of Internal Auditor Global -IIA), ratificado por los Institutos de Auditoría Interna asociado a nivel mundial, cuyo propósito, es el de promover una cultura ética en la profesión de auditoría interna, aplicado tanto a los individuos, como a las entidades que prestan servicios en este ámbito. Entre los principios y reglas de conductas se encuentran: La integridad, la objetividad, la confidencialidad y la competencia de los profesionales.

Ahora bien, las instituciones, entidades, sociedades con o sin fines de lucro, de distintos rubros e industria, están requiriendo competencias adicionales a los profesionales que se desempeñan en Auditoría, tanto en los equipos de auditoría interna como externa o tercerizadas. Recuerdo haber escuchado durante el XIX Congreso Latinoamericano de Auditoría Interna, desarrollado en el mes de octubre de 2014, en El Salvador, al entonces presidente de la Junta Directiva del Instituto de Auditores Internos – IIA Global, Mr. Anton van Wyk, donde planteaba en su ponencia algunas propuestas de principios claves para la práctica de la profesión de auditoría interna. Entre ellos, representaba que las nuevas generaciones de auditores, y los profesionales vigentes, deben desarrollar características adicionales para el desempeño de sus funciones, aspectos que las empresas están requiriendo. Algunas de estas propuestas, considera como acción a desarrollar, el ser perspicaz, proactivo y enfocado al futuro, además de promover cambios positivos en la organización. Adicionó en dicha oportunidad que es fundamental para los profesionales, demostrar un compromiso con las capacidades y aptitudes, además de la búsqueda de certificación profesional, en particular las que promueve dicho Instituto Global.

Quienes nos desempeñamos en este ámbito de acción, debiésemos agregar y tener en consideración en nuestro desarrollo y desempeño profesional al menos cinco factores o “requisitos” a desplegar y/o fortalecer, con el fin de agregar valor a las organizaciones, la sociedad y el medioambiente que nos rodea y que somos parte. Estos requisitos los he denominado como las “5C del perfil del auditor sostenible”, las cuales paso a compartir.

  1. Compromiso: Los y las profesionales de auditoría debe ser capaz de demostrar un compromiso acorde con las funciones que conlleva el cargo, tanto a nivel personal, organizacional y social, es por eso que el nivel de integridad moral, en rectitud, probidad, dignidad y sinceridad, debe estar marcado en su conducta en cualquier circunstancia. En este punto, es relevante tener en consideración, la integración y conexión de las actividades de las distintas auditorías y/o fiscalizaciones con los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” propiciados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estos 17 ODS integrados entre sí, reconocen que las intervenciones en un área afectarán los resultados de otras y que el desarrollo debe equilibrar la sostenibilidad medio ambiental, económica y social. En este contexto me atreveré a proponer el análisis de la definición de auditoría interna que entrega el Instituto Global de Auditoría Interna, y recoger el aporte que, desde la profesión, podemos efectuar, considerando dichos objetivos sostenible. La definición del IIA Global es como sigue: “La Auditoría Interna es una actividad independiente y objetiva de aseguramiento y consulta, concebida para agregar valor y mejorar las operaciones de una organización”. Mi propuesta es la siguiente con “La Auditoría Interna es una actividad independiente y objetiva de aseguramiento y consulta, concebida para agregar valor y mejorar las operaciones de una organización, la sociedad y el medioambiente”.
  2. Competencia: Quien se desempeñe en auditoría, debe tener presente que se encuentra en una constante evolución, y que los procesos, técnicas y formas de hacer las operaciones, cambian y varían muy rápido, más rápido que el propio cambio. Debe adaptarse veloz y hábilmente a los distintos ritmos de los mercados, tecnología, sistematización y automatización de los negocios. Por ello, el profesional de auditoría debe ser capaz de alinear las competencias y habilidades tan rápido como los cambios ocurren y van avanzando, instalando en su ejercicio, nuevos conocimiento, experiencias y técnicas, que les permita desempeñarse con eficiencia, eficacia y economicidad, con aporte y valor agregado a las organizaciones, a la sociedad y su comunidad, buscando subyacentemente el bien común.
  3. Comunicación: Una de las mayores dificultades en las relaciones humanas, es la comunicación, no es fácil transmitir un mensaje codificado, y que el receptor sea capaz de comprender en su totalidad, lo que el emisor quiere y desea transmitir. Pues bien, esa problemática no es ajena a nuestra función, por tanto, la comunicación de cada una de las instancias del proceso de auditoría, y más aún, la entrega de sus resultados, establecen un desafío importante que mediar. Debemos ser capaces de establecer una comunicación efectiva y con alto impacto en los resultados reportado a la alta gerencia y encargados de procesos, lograr hacer que otros hagan lo que recomendamos, y que sea lo mejor para la organización e instituciones.
  4. Creatividad: Cuando he conversado con dueños de procesos, administradores de riesgos, socios o gerentes de organizaciones, han planteado como una debilidad importante de los auditores, la falta de creatividad en la aplicación de programas y pruebas de auditoría, señalan que: “los auditores son poco creativos e innovadores al momento de evaluar, más aún cuando se está en un análisis de posible fraude y cuál es el modo operandi”. Señalan que es predecible y que en la mayoría de las veces aplican las mismas técnicas y evaluaciones. Pues bien, ésta es una crítica de las cual debemos hacernos parte y tratar de innovar en las técnicas de auditoría, un desafío que no podemos dejar pasar.
  5. Conectividad: La era cibernética, también conocida como la cuarta revolución industrial, que considera avances tecnológicos emergentes en una serie de campos, incluyendo robótica, inteligencia artificial, cadena de bloques, nanotecnología, computación cuántica, biotecnología, internet de las cosas, impresión 3D, y vehículos autónomos, entre otros, ha llegado para quedarse y traspasar el futuro. Las transacciones en el ciberespacio son cada vez más recurrentes, aumentan exponencialmente a cada segundo, se han potenciado los canales de negocio tecnológico y el cliente cada vez más interactúa desde un dispositivo como herramienta de comunicación. Las operaciones evolucionan y se complejizan para quienes no avanzan a la par de los cambios tecnológicos. La conectividad de las operaciones no descansa, por tanto, el o la profesional de auditoría debe estar atento y conectado en cada instante para saber y comprender la forma en que se realizan, administran, resguardan y almacenan los datos que originan los principales negocios de las organizaciones, la conectividad es nuestro objetivo, busquemos la forma de cómo cumplir con las expectativas de esta era digital.

Las industrias, organizaciones, instituciones de distintos tamaños y envergaduras ya sean privadas o públicas, están requiriendo cada vez más características adicionales en los profesionales que se desempeñan en equipos de alto rendimiento en el ámbito de la auditoría. No tan sólo se está evaluando con mayor vigor, mantener alta prevalencia de habilidades duras y blandas, sino que también, están buscando mayor capacidad técnica y profesional, ya sea a través de certificaciones internaciones en el ámbito de la profesión. Asimismo, requieren que estos profesionales mantengan una actitud hacia el comportamiento ético en su desarrollo laboral y personal, proyectando integridad, objetividad y confidencialidad en las tareas que abordan. Así también, considerar en el quehacer y desarrollo de las auditorías, el aporte a los Objetivos de Desarrollo Sostenibles como un aporte no sólo organizacional, sino también a toda la humanidad y medioambiente.

Ahora bien, no basta sólo con demostrar estas habilidades, sino que también se deben adicionar y propiciar otras características que son deseables para desempeñarse en equipos de auditoría de la cuarta revolución, para ello debemos considerar las 5C del perfil de un auditor sostenible, que nos invita a reflexionar sobre el compromiso acorde con las funciones, la mejora constante en las competencias profesionales, propiciar una comunicación efectiva con los equipos técnicos con los que se interactúa, generar innovación en el quehacer y finalmente acercar cada vez más el uso de medios tecnológicos y sistémicos al desarrollo de las tareas que nos son asignadas.

Acerca del autor:

Jonathan Leiva es titulado de Contador Público y Auditor de la Universidad Santo Tomás, Magíster de Contabilidad y Auditoría de Gestión de la Universidad de Santiago de Chile y posee preparación en diversos postítulos en materias de su competencia profesional. Cuenta con 21 años de experiencia en el sector gubernamental, especialmente en el área de Auditoría, Control Interno y Gobernanza. Docente en diversas casas de estudios. Desempeñó el cargo de auditor interno en la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, en el Instituto Psiquiátrico de Santiago y asumió el rol de Auditor Ministerial del Ministerio de Salud. Actualmente se desempeña como Jefe de Auditoría Interna en el Ministerio de Obras Públicas.