Aránzazu Guillán Montero
Oficial Senior de Gobernanza y Administración Pública
División de Instituciones Públicas y Gobierno Digital (DPIDG)
Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UNDESA)

Desde 2016, el compromiso de las Entidades Fiscalizadoras Superiores (EFS) con el seguimiento y revisión de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ha sido notable. Se ha reflejado en planes estratégicos y operativos, iniciativas de capacitación, y auditorías sobre la preparación de los gobiernos para implementar los ODS, así como de los avances y desafíos de su implementación.

El impacto de la pandemia sobre los ODS es significativo y multidimensional. En este contexto, las auditorías de los programas y políticas nacionales para implementar los ODS, y la contribución de las EFS al seguimiento y revisión de la Agenda 2030 son más imprescindibles que nunca.

Sin embargo, la necesidad de responder a las altas expectativas de control sobre las medidas de emergencia y las respuestas gubernamentales a la crisis, los cambios en las prioridades de gobierno (y por consiguiente, en los planes de trabajo de las EFS) y las limitaciones de recursos, pueden provocar el error del que con frecuencia se acusa a los gobiernos: auditar las cosas de la forma habitual. Al mismo tiempo, la visibilidad actual de las EFS presenta oportunidades para fortalecer su papel en la revisión de los ODS.

Destruyendo mitos

Más allá del control de las medidas de emergencia, las EFS deben mantener su compromiso con el seguimiento y revisión de la Agenda 2030 a largo plazo, e identificar acciones que contribuyan a fortalecer y acelerar su implementación post-pandemia. Esto requiere reiterar los principios que deben guiar las auditorías de ODS, entender cómo se operacionalizan, y desmentir algunos mitos.

Mito 1. “Todas las auditorías relacionadas con los ODS son auditorías de ODS”

No es lo mismo hacer una auditoría relacionada con un ODS que auditar la implementación de una de sus metas. Una auditoría de implementación de los ODS evalúa el estado de implementación de programas y políticas que contribuyen en conjunto al avance de las metas nacionales ODS, identificando el nivel de progreso, así como oportunidades de mejora y buenas prácticas en la gestión o implementación de dichos programas, considerando su integridad.

Esta definición puede parecer restrictiva, pues requiere identificar metas ODS nacionales. Sin embargo, pueden realizarse auditorías de implementación cuando, aún sin dichas metas ODS, existan políticas nacionales en el área que identifiquen objetivos, metas e indicadores. La ausencia de meta nacional—y de integración y alineación con la Agenda 2030—sería un hallazgo en dicha auditoría.

Esto no significa que los informes de auditorías relacionadas con los ODS no sean valiosos. Esos informes pueden ser un insumo clave para auditorías de implementación de los ODS, así como para análisis de expertos sobre el proceso de implementación (interfaz ciencia-política pública). Son fuentes de información que permiten analizar las causas de fortalezas y desafíos en la implementación; entender la gobernanza de un sector, programa o política; identificar las partes interesadas y entender sus intereses y prioridades; y servir de referencia para el análisis longitudinal de cambios y tendencias en el avance hacia las metas de los ODS.

Mito 2. “Todas las auditorías de ODS son auditorías de preparación”

Los principios fundamentales de la Agenda 2030 deben guiar la fiscalización de los ODS. Estos principios incluyen integralidad y coherencia, apropiación nacional, perspectiva de largo plazo, participación de múltiples partes interesadas, inclusión y equidad.

Estos principios son relevantes tanto para auditar la preparación como la implementación. Sólo se operacionalizan de manera diferente. Mientras que las auditorías de preparación se mantienen a nivel sistémico (centradas en aspectos de gobernanza), las de implementación analizan dimensiones concretas de gestión de los programas objeto de la auditoría (recursos, planes de acción, monitoreo, procesos específicos tales como adquisición de determinados bienes, participación, etc.), considerando además las interrelaciones con otras áreas de política desde el punto de vista de la gestión (como la existencia de estrategias integradas de uso de recursos).

Existen, además, dimensiones de preparación que aún requieren análisis. Una de las limitaciones de la implementación de los ODS es la falta de información confiable para evaluar áreas difíciles de medir. Por lo tanto, son particularmente relevantes las auditorías que evalúan sistemas nacionales de indicadores para verificar la creación, disponibilidad, fiabilidad, y calidad (por ej., desagregación) de los datos disponibles para medir el avance en la implementación de las metas ODS (por ej., en temas ambientales o sociales).

Mito 3. “Es natural para las EFS realizar una auditoría del ODS16”

INTOSAI destaca el ODS16 como una oportunidad para la fiscalización. Pero su evaluación presenta desafíos, particularmente en la situación actual. No puede auditarse el ODS16 en general. Sus metas ofrecen puntos específicos de entrada. La diversa naturaleza de las mismas—que incluyen asuntos nacionales (identidad legal, corrupción o violencia contra las personas) y transnacionales (tráfico de personas o corrupción transnacional), derechos (acceso a la justicia, no discriminación o acceso a la información), y dimensiones institucionales más amplias (transparencia o participación)— requiere competencias y enfoques metodológicos diferentes, dependiendo de cuál meta se escoja. Además, no siempre es fácil identificar con qué programas se relacionan. Otro desafío es que muchos países no han definido líneas de base ni metas nacionales para muchas metas del ODS16, y persisten problemas de disponibilidad y calidad de indicadores y datos.

Numerosas acciones de las EFS, así como su fortalecimiento institucional, contribuyen al ODS16. Auditar sus metas requiere dar un paso más. Es importante definir objetivos específicos, y evaluar los desafíos existentes en términos de programas y metas nacionales, indicadores y producción de datos, entre otros. Las EFS pueden ofrecer información fundamental para analizar la efectividad en la implementación y oportunidades de mejora de dimensiones institucionales, complementando la información ofrecida por los indicadores globales—por ejemplo en materia de credibilidad presupuestaria o lucha contra la corrupción. Esta información debe analizarse en conexión con el proceso de implementación de la meta correspondiente, tal y como haya sido apropiada en cada contexto nacional.

Hay muchas auditorías de programas que se relacionan con los ODS, pero todavía muy pocas que evalúen la implementación de las metas ODS en contextos nacionales específicos (ODS.OLACEFS). Asumir los desafíos metodológicos de auditar los avances hacia las metas nacionales es una oportunidad para mejorar la implementación de la Agenda 2030, innovar en el control externo y promover la cooperación y el aprendizaje mutuo entre EFS. Desmitificar las auditorías de los ODS es un primer paso para fortalecer la contribución de las EFS al seguimiento de la Agenda 2030, comunicar mejor sus resultados, y precisar las aportaciones de diversos productos de la fiscalización para la rendición de cuentas en el contexto post-pandemia.

Acerca de la autora:

Aránzazu Guillán es Oficial Senior de Gobernanza y Administración Pública en la División de Instituciones Públicas y Gobierno Digital (DPIDG) del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UNDESA). Doctora en Gobierno y Máster en Políticas Públicas por la Universidad de Georgetown.